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Urinarios callejeros de Amsterdam (Holanda)











Ámsterdam otra vez está a la cabeza de las buenas ideas verdes del mundo. Hace algunas semanas, los oficiales holandeses dispusieron algunos mingitorios en un parque de la ciudad e invitaron a los transeúntes a pasar y participar. Todo esto fue hecho en nombre del medio ambiente: en lugar de mandar la orina directo por las tuberías, el distrito de agua local pretende convertirlo en fertilizante para granjas locales.
El fósforo extraído de estos mingitorios irán a un techo verde en la ciudad. De acuerdo con los expertos, la orina de la ciudad de Ámsterdam puede fertilizar al equivalente de 10 mil campos de futbol en plantas.
La idea comenzó porque el fósforo de la orina estaba causando problemas; forma cristales que estaban tapando las tuberías. “Pensamos que si teníamos que removerlo, ¿por qué no hacerlo de la manera correcta?”, apuntó Peer Roojimans, autoridad en asuntos de agua de la ciudad. “El fósforo se necesita para la sobrevivencia de todo en la vida, pero es un producto limitado, y las minas están agotadas. Y Ya que todos lo llevamos con nosotros todos los días, quisimos desarrollar un dispositivo que pudiera reusarlo”.
Después de que los desperdicios lleguen a la planta de recuperación, el fósforo y el nitrógeno de la orina serán separados, limpiados y transformados en estruvita, un fertilizante de lenta liberación. Nuevas leyes holandesas permitieron que se comience a usar oficialmente desde el primero de enero de 2014.
Fuente: ecoosfera
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Urinarios callejeros de Amsterdam


En algunas calles de Amsterdam existen urinarios públicos que muchos usarían a las 3 de la madrugada sin problema. Son unos urinarios comunes... pero sin la caseta que los oculta. Usarlos a plena luz del día en zona concurrida no es fácil, pero cuando la cerveza empuja, hay que darle salida.

Me paré en uno de ellos en una calle cualquiera, era de día, circulaba gente, pero había necesidad. Antes de acercarme al urinario, le pedí a mi mujer que me hiciera una foto. Cuando estaba en la faena, volví la cara para ver si me estaba haciendo la foto y efectivamente estaba apuntándome con la cámara. Pero no sólo ella, al verla una japonesa se paró y también hizo algunas fotos. Yo me reí, pero de pronto pasó una furgoneta, que paró delante de mi mujer y una mujer le echó la bronca por hacer fotos a un hombre en el urinario, a lo que ella le dijo que ese hombre era su marido enseñándole el anillo. La japonesa se quedó paralizada, con la boca abierta, sin decir nada, como en las cámaras ocultas. Cuando ya terminé y fui hacia mi mujer, la japonesa seguía como una estatua, con la cara desencajada. Nosotros seguimos nuestro camino, partiéndonos de risa.

Por Willardo

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